viernes, 19 de diciembre de 2014

La leyenda del Maestro, el aprendiz y la duda.

El aprendiz tenía una duda sobre algún tema que estudiaba y se dirigió con pasos apresurados a la casa de su maestro; al llegar, el maestro leía y tomaba apuntes de un voluminoso y antiguo libro; más al ver a su aprendiz, dejó el trabajo que realizaba habló con el, se interesó por sus dudas y le orientó en sus reflexiones. 

El aprendiz le dio las gracias y preguntó, ¿cómo es que siempre tienes tiempo cuando te necesito?, ¿cómo es que siempre tienes paciencia para ayudarme?, ¿por qué si tú, tienes las respuestas, no me enseñas como se hace en una escuela?.

El maestro con voz dulce y sonriendo contestó… Como no he de tener tiempo para ti mi querido hermano, si, eres lo mas importante, como no he de tener paciencia si conmigo también tuvieron paciencia y también reflexionó, no, no tengo todas las respuestas, solo tengo más preguntas, puedo ayudarte a encontrar tu camino, mas nadie puede enseñarte a caminarlo, la vida es un camino de aprendizaje, pero no es una escuela en la que alguien te enseñe a vivirla.

Maestro, ¿te burlas de mí?, ¿cómo dices que soy yo el importante si apenas soy un aprendiz y tú eres un maestro sabio?, no te pido que camines mi sendero, pero sí que me digas cual es, porque así podre recorrerlo más rápido.

El maestro miro con ternura al aprendiz y le dijo… eres lo más importante, mi querido hermano, pues si no hubiera un aprendiz, no existiría el maestro; el aprendiz es siempre la razón de ser del maestro, un maestro debe ser luz suficiente para iluminar la elección del sendero de su aprendiz, pero nunca brillar tanto como para que el, escoja influenciado por su luz y por eso, mi obligación no solo es enseñarte, es hacerte dudar, ponerte contra las cuerdas, incluso provocarte que dudes de mi, actuar para generar desconfianza hacia mi, de ese modo sabrás que estas en tu camino, ¿recuerdas?, tres dudas tendrás como las tuvo el aprendiz de al-khidr el verde

Al aprendiz dijo, Maestro yo no tengo dudas. Entonces vete, respondió el Maestro, estoy harto de ti, y de tus tonterías. El maestro le profirió palabras duras, aquellas que sabía que le dolerían.

El aprendiz, con un profundo dolor, se alejó y el Maestro quedó esperando, con mas dolor aún, que algún día se diera cuenta que no había pasado la prueba de la duda. 

Una mañana, el aprendiz regresó, el maestro contuvo su lengua y corazón ¿habría comprendido?