lunes, 8 de septiembre de 2014

Los ascensos espirituales.

En la concepción tradicional del mundo espiritual, convenios que el ser tiene múltiples estados y dichos estados existen dentro del propio ser y “aun mas allá”, los estados del ser se suceden uno tras otro en la idea de que nuestro estado muere para renacer mientras el ser sigue siendo inmutable.  En oriente, en especial en el hinduismo tienen una palabra interesante para los estados del ser: el Atman, literalmente “alma espiritual” y que difiere del concepto de alma judeo cristiano.

El Atman, es contemplado por distintas tradiciones de forma diversa, ya hemos hablado en este blog en muchas ocasiones que las mezclas de tradiciones provocan una confusión intolerable en el buscador.

Como apunte, antes de continuar, el clasicismo teosófico y occidental divide los estados del ser, el Atman, en siete círculos: Atmá (sin definición), inteligencia, mente, deseo, cuerpo astral, aliento y cuerpo físico o burdo.

En oriente, buscando la pureza del concepto, estos estados del ser son: cuerpo físico o burdo (lo que se mueve y respira) y el yo sin polaridad, completo (que una vez tocado el cielo vuelve a caer para elevarse de nuevo) 

En cualquier caso, “aun mas allá” del ser, tenemos estados múltiples que se suceden y merced a estas sucesión la vida y la comprensión de la misma adquiere perspectivas distintas que le dan o quitan validez, razón de ser y el grado de compresión de la Realidad (en mayúsculas por que se refiere a una realidad o principio absoluto).

Axis mundi
Axis mundi
La iniciación, por lo tanto es el primer peldaño que sube el cuerpo físico o bruto que se mueve y respira para poner en marcha el primero de los estados del ser que, completado su ciclo, permite comprender el principio absoluto, convertidos ya en lo que las diversas tradiciones han llamado “estado perfecto” (Al insamul-kamil en el islam, Adam Kadmon en cábala, Hombre trascendente en Taoísmo, etc). Pero seamos prudentes, hablamos de iniciación, iniciación a ese camino de perfeccionamiento y nunca hablaremos de consecución del camino, quizás no sea necesaria esta aclaración pero es importante.

El camino de la iniciación se ha plasmado simbólicamente y también de modo arquetípico en descripciones gráficas de su propia cosmogonía, sea en el famoso árbol de la vida, o el eje espiritual-energético humano, sea la tradición que sea, hablamos del “axis mundi” que representa la conexión entre el cielo (la humanidad perfecta) y la tierra (la humanidad que se mueve y respira). Para las religiones el “axis mundi” es un lugar físico, como La Meca, el monte Sinaí, el Kulun o el Monte Olimpo. Pero desde un mundo de vista espiritual, son los lugares, ritos y situaciones que permiten que los “reinos inferiores pueden ascender a los superiores y las bendiciones de estos reinos superiores pueden descender a los inferiores y diseminarse por todos ellos” (1)

El ascenso por el “axis mundi” debe realizarse mediante el cultivo de los cuerpos del Atman, el cuerpo que se mueve y respira y el yo sin polaridad que implica nuestra energía y nuestra mente. Así pues, el trabajo iniciático es un camino con senderos intermedios sutiles y psíquicos, por el pensamiento, la acción y los centros de transconciencia de nuestra alma humana.



El templo de Angkor Vat se concibió como un Axis mundi, 
puerta entre el cielo y la tierra.

(1) Symbolism of the Centre' in Images and Symbols, Mircea Eliade, Princeton, 1991. p.40