lunes, 4 de agosto de 2014

Uso del nombre simbólico.

El uso de uno o varios nombres simbólicos dentro del mundo esotérico, es un tema poco estudiado a nivel general pese que a nivel particular, en el entorno de la masonería, es un tema que ha transcendido de su lugar natural para convertirse en un tema de alcance académico, existiendo diversos trabajos y ponencias en simposios especializados.

En este post vamos a tratarlo de modo general sin particularizar en el uso expreso dentro de estas sociedades esotéricas y nos vamos a centrar en el uso simbólico y ritual del mismo.

Saint Germain, o Montferrat, Aymar, 
Soltikov o príncipe Rackocz
En el contexto iniciático es bastante común el uso de uno o varios nombres simbólicos, este nombre es distinto al nombre de pila y su función es generalmente identitatia. Partimos de la premisa que existe un mundo profano, un mundo vulgar y común en el cual usamos un nombre de pila que nos identifica y con el que nos sentimos distintos dentro de la globalidad, tanto es asi que una forma de despersonalizar es evitar el uso del nombre sustituyéndolo por un numero o un apodo. (algunos cuerpos de ejercito)

Pero el acceso a un sistema de evolución espiritual de corte iniciático parte de otra premisa distinta, la persona quiere romper con ese mundo profano y vulgar para entrar en un mundo de corte sagrado o especial, inherentemente distinto y  donde nuestra identidad tiene que cuadrar con el egregor que se busca a nivel personal o en el conjunto de la orden auspiciadora.

El cambio del nombre para realizar e identificarnos en una misión sagrada, no es reciente, en nuestra cultura occidental moderna, podemos retrotraernos a Shimón bar Ioná, un nombre que a casi nadie le dirá nada y quizás el lector se pregunte quien fue este señor, pero,  ¿y si digo Simón Pedro o San Pedro?, vemos que el nombre simbólico es incluso mas popular que el nombre real del personaje y esto es así por que el sentido histórico del mismo esta circunscrito a su misión sagrada y no a su vida personal y profana. Posteriormente el catolicismo y a partir del Papa Juan II (su nombre era Mercurius), los papas adoptan su nombre simbólico para afrontar su misión evangelizadora. Sin salirnos del catolicismo en las ordenes monacales, en especial las femeninas, los nuevos miembros reciben un nuevo nombre para recordarles que han dejado la vida mundana a través de la ceremonia de profesión para servir a Dios, en esta imposición de nombre, se representa la renuncia al mundo y la vida dedicada. 

Existen varias tipologías de nombre simbólico, son las siguientes:
  • Nombre auto elegido positivista
  • Nombre auto elegido expiatorio
  • Nombre impuesto.
  • Nombre insacularizado.

Nombre auto elegido.

En el caso de los nombres simbólicos auto elegidos, son los nombres simbólicos que elige, los candidatos en función de una exposición explicativa que realiza el iniciado como invocación personal a los valores y deseos de perfección que alberga, suelen ser referentes a algún aspecto personal o histórico, en alguna ocasión topográfico.  Es una visión positivista del nombre simbólico, pero también existe la opción negativista.

En el caso de los nombres simbólicos negativistas, al contrario de los anteriores, mas que una invocación a los valores y deseos de perfección, son una invocación a sus propios temores y aristas que deben pulir, suelen ser nombres totémicos, siendo el tótem representativo de una o varias cualidades a eliminar del candidato a la iniciación.  Es el nombre de las puertas del templo, de los pronaos y de la cámara de reflexión, el nombre que nos acerca a lo mas oscuro, a nuestra idea negativa de la vida profana.

Nombre impuesto.

En algunas ordenes, el maestro o el director del rito, impone al nuevo iniciado un nombre identificativo en función, ya no de una reflexión interior del neófito, si no por la apreciación subjetiva del maestro de cuales son las virtudes y características que desea que el neófito trabaje en su camino iniciático. Suelen ser nombres grandilocuentes, referentes, con cierta predilección a personajes históricos, guerreros, filósofos, maestros, etc. 

En estos casos, se busca que el neófito haga un estudio de la vida del personaje y se auto aplique las enseñanzas que extraiga de esa investigación.

Nombre insacularizado.

Como su nombre indica, el maestro o la asamblea iniciadora, coloca en un saco un determinado numero de nombres impuestos, dejando a la suerte (o al destino) la asignación al neófito del nombre definitivo dentro de la orden. 

En cualquier caso, el sentido de nombre simbólico es separar el mundo profano del mundo sagrado, la persona identificada en la vida diaria con su nombre de pila tiende a ser persona distinta, o al menos actúa como persona distinta en los ámbitos identificados por su nombre simbólico.

¿Nombre o nombres simbólicos?

En principio hablamos de nombre simbólico, en singular, solo uno, aunque hay una excepción y una variación. 

La excepción ocurre en el caso de un nombre simbólico auto elegido negativista que se usa en la parte ritual donde el neófito expía o esta en un contexto de auto reflexión, espera, aprendizaje o en su propia purga de valores o energía, en estos casos posteriormente aparece un nuevo nombre simbólico que coexiste y suele ser impuesto por el maestro o la orden.

Por otro lado, las ordenes esotéricas separadas por cámaras, en las que en principio el nombre simbólico es único, se aplican en ocasiones algunas teorías sobre la posibilidad de modificar ese nombre cuando se alcanzan otras cámaras mas elevadas, dado que se ha alcanzado un nivel espiritual que deja atrás el primer nombre. El ejemplo mas relevante es en la Sociedad Martinista de Francia, que el nombre simbólico varía en cada nivel o grados.