lunes, 2 de junio de 2014

Nicolas Flamel

Como muchos otros antes que el, la vida de Nicolas Flamel estuvo marcada por una mezcla entre lo extraño y los maravilloso. Nació 1330 en la región de Pontoise, muy cerca de París y su vida profesional fue en París, como escribano, en una época que la imprenta aun no existía y aunque también fue rabino y librero,  pasó a la historia como alquimista.

La leyenda apunta a que en un momento indeterminado de su vida, Flamel descubrió, posiblemente en su calidad de escribano o librero, un manuscrito que le permitió iniciarse en la Gran Obra según las palabras del propio Flamel (Gran Obra traducido de Grand Œuvre término alquímico para el proceso de creación de la piedra filosofal)

“Fue a caer entre mis manos, por la suma de dos florines, un libro dorado muy viejo y asaz ancho. No era de papel o pergamino como son los otros, sino que se componía únicamente de cortezas desligadas de tiernos arbustos…En el primer folio, había escrito con gruesas letras mayúsculas doradas: ABRAHAM EL JUDÍOPRÍNCIPE SACERDOTE LEVITA, ASTRÓLOGO Y FILOSOFO.

El que me había vendido el libro conocía tan poco su valor, como yo cuando lo compré…”

Torre de Santiago (París)
Con el libro en sus manos dedicó una veintena de años a su estudio junto con su esposa, tratando de descifrarlo, sin conseguirlo. Por alguna razón poco aclarada, decidieron hacer un peregrinaje a Santiago de Compostela con el fin de buscar algo que invirtiera el poco acierto que habían tenido en el estudio del libro.

Como otro misterio en la vida de Flamel, había acumulado una gran cantidad de bienes materiales, lo que contrasta con sus oficios conocidos, bienes que le permitieron hacer importantes obras caritativas y financiar trabajos de arquitectura publica, en especial la reconstrucción de la Iglesia de Saint Jacques de la Boucherie y en mas precisamente de la torre de la misma iglesia, llamada de Santiago, que se convirtió en el punto de salida del camino francés de Santiago de Compostela.

Sus obras principales fueron “El deseo deseado” y “El libro de las figuras jeroglíficas” también se conocen otras obras interesantes como “El sumario filosófico”. 

Su obras, al rededor de conceptos alquímicos están decoradas con símbolos que aun hoy, son objeto de discusión e interpretación. Algunos de sus símbolos mas evidentes son:

  • El horno, comparado al vientre materno donde se encuentra el verdadero calor natural.
  • Dos dragones, de color siena, ambarino, azules contrastando con el negro de los fondos de las ilustraciones.
  • Un hombre, apuntando la figura de San Pablo, vestido de un blanco roto, bordado en otro que tiene en una mano una espada desenvainada, con otro hombre arrodillado a sus pies con un letrero que dice: Dele mala quae feci (Quítame el mal que he hecho)
  • Sobre un campo verde, dos hombres y una mujer resucitando, haciendo (esto es una interpretación personal) un guiño a “el verde y el Mar Giries” de los ritos iniciáticos dado que son bautizados bajo “El triunfo de la vida”
  • Dos corderos de color naranja. (La idea de la oveja o cordero naranja ha sido fuente de burla en algunos puntos de Europa en periodo navideño, pero tiene un sentido mas profundo)
  • Un hombre apuntando la figura de San Pedro, vestido de naranja, con una llave en la mano derecha (símbolo masónico, rosa-cruz y común en otras tradiciones), con la leyenda Christe precor esto pius (Cristo ten piedad)
  • Un hombre de color rojo, que corta la pata de un león alado.

Estas figuras simbólicas, pueden ser, según los especialistas, interpretadas de manera diferente, apuntan a una religiosidad, pero mas bien, es un sentido simbólico que apunta a un secreto velado.

Sus restos reposan en una lápida, ricamente grabada, que se conserva en el Museo de Cluny, lugar de origen Templario por excelencia.