lunes, 16 de junio de 2014

De la lectura esotérica de los símbolos de poder en el Antiguo Egipto

En todas las civilizaciones y mas especialmente en organizaciones de índole religioso o filosófico se han representado simbólicamente la acción o la posesión del poder. Los casos mas habituales y conocidos son los anillos cardenalicios, los báculos, los cetros, fasces, maceros, los parazonios y los orbes y/o joyas.

Mención aparte para los salones del aparato o pasos perdidos que por su especificidad nos los guardamos para otro post.

En el Antiguo Egipto, entendiendo Antiguo en su amplia acepción y no solo el Reino Antiguo (2600 a 2200 a. C) si no desde este hasta su romanización, los símbolos de poder civiles y religiosos se entremezclaban entre si, en ocasiones hasta el punto que es casi imposible diferenciarlos.

El simbolo mas evidente era la corona, de las que conocemos siete de ellas (en rojo las religiosas):
  • Corona del Bajo Egipto
  • Corona del Alto Egipto
  • Corona Unificada del Alto y Bajo Egipto.
  • Corona Orisiaca
  • Corona Azul
  • Corona Emplumada
  • Corona Atef

El siguiente simbolo eran los cetros (en rojo los religiosos):
  • Cetro Nejej o flagelo
  • Cetro Heka o báculo
  • Cetro Sejem o de poder

Y los menos conocidos como (en rojo los religiosos):
  • El trono
  • La barba
  • El Uræus
  • La Cola.


En nuestro post, vamos a omitir expresamente los símbolos puramente civiles al no ser estos de nuestro interés dada la temática del blog. Vamos a centrarnos en consecuencia en los símbolos de carácter religioso para extraer de ellos los que tienen algún componente esotérico.

La corona Orisiaca, estaba destinada a los ritos funerarios, podemos pues, pese a la importancia esotérica de los ritos de Isis, Horus y Osiris, atribuirla a una función religiosa pura, pensemos que en Egipto solo se le hacían funerales a las personas con una conducta irreprochable y que no dejaran deudas (en sentido amplio del termino), en caso contrario los cadáveres acababan en una fosa común, tiene sentido pues, que las personas intachables en todos los sentidos fueran pocas y en consecuencia los faraones y nobles se involucraran en sus funerales.

La corona azul, también llamada Jeperesh, era puramente ritual, se usaba en las ofrendas a los dioses y parece que estaba relacionada en la canalización energética de la tierra que proporcionaba la diosa Uerethekau, esta diosa era la representación de lo que era capaz de dar vida a las personas o de quitársela, también se llama a esta diosa "La gran maga" o "la grande en magia". La idea de esta corona se vincula al verbo de la creación, al principio y al alfa-omega. Es muy curioso que exista un gran desconocimiento en la egiptología.

La corona Atef, en contradicción con la corona llamara Orisiaca, esta si está directamente relacionada con los ritos osiricos, es la corona de la resurrección y la vida eterna.

En cuanto a los cetros, podemos afirmar que el cetro Nejej o flagelo es orisiaco y el Heka es civil y el Sejem es una especie de demostración de fuerza de nobles. En nuestro caso nos interesa el Nejej que aparenta ser una especie de vara de guiado de ganado o incluso se le ha asociado con espantamoscas o una reducción de un látigo de varias colas. Desde un punto de vista ritualistico parece ser una herramienta de expansión energética. Las imposiciones de manos tendentes a regular la energía vital, suelen hacerse, (con o sin contacto) suministrando energía y expandiéndola por el cuerpo, sin embargo, un faraón no tocaría a nadie que no fuera de la realeza y esta cetro aparenta tener una función auxiliar de este trabajo energético.

La barba es un simbolo de Osiris, es pues ritual y decorativo para la función del rito, que junto con el resto de decoraciones, distinguían al faraón como Osiris en los ritos funerarios y conjuros mágicos, lamentablemente poca información histórica tenemos del los ritos de Osiris y prácticamente tenemos que remitirnos a Plutarco para intentar saber como y de que manera eran ritos sagrados. Pero afortunadamente la tradición oral ha hecho que nos lleguen estos ritos hasta nosotros... tan discretos que se pierden en un susurro, que apenas los nombras se desvanecen en el aire, al menos podemos intuirlos, por que su practica esta casi desaparecida.

Oh, buen Rey, ¡entra en esta tu casa!
Uennefer, justificado, ven a Dyedet.
¡Oh, toro vigoroso, ven a Anpet!
¡Oh, amante de las mujeres, ven a Hat-mehyt,
ven a Dyedet, el lugar que ama tu Ba!

Los Ba de tus padres son tus compañeros,
tu joven hijo Horus, el niño de tus Hermanas, está ante ti.
Yo soy la luz que te guarda todo el día,

¡Nunca te abandonaré!