miércoles, 27 de noviembre de 2013

El encaje del concepto de dios en el esoterismo

Traemos un tema ciertamente delicado que ya ha dado lugar a más de una mala interpretación y que por la naturaleza de las creencias y el debate sobre ellas, hay que tratarla al mismo tiempo con delicadeza pero a la vez con firmeza.

En castellano “dios” hace referencia a una deidad personal, obsérvese “una”, de modo genérico, pero en la mayoría de la ocasiones para los creyentes “dios” hace referencia a una única deidad personal que además es incompatible con otras visiones de “dios”. En consecuencia, hablar de dios implica que cada escuchante y cada hablante traslada al concepto genérico de “dios” su imagen personal del mismo basada en los atributos que el pensador le otorga o asumiendo total o en parte los atributos que le conceden las religiones establecidas.


Se da la circunstancia, que los atributos de “dios” son en ocasiones contradictorios entre una y otra suprema deidad, pongamos un ejemplo, el cristianismo en general implica que la fe en dios es creador y deja a los humanos el libre albedrío, es decir el cristianismo es deísta, pero por el contrario todas las religiones orientales, ven a dios como creador y a la vez es conservador y guía de la creación, ergo son teístas.

Si entramos en los estudios esotéricos, toda la idea de la participación de la fuente universal o principio generador del universo sería contraria al cristianismo y toda idea de la voluntad y la espiritualidad personal seria contraria al teísmo oriental. La definición de dios, inhibe una parte del pensamiento y la circunscribe al caracter imaginado de dicho dios definido.

Fijémonos en otra contradicción, la fuente divina definida chocaría con la cábala, la angelología e incluso con el ritualismo. Aparentemente el esoterismo estaría al margen de un principio supremo, y esto no es asi, esta al margen de una definición especifica.

Desde un punto de vista esotérico, debemos contemplar la idea de dios como de una fuente de creación sin atributos, inefable e incognoscible, en consecuencia no material ni antropomórfica y en especial carente de atributos que nos impidan ver lo que hay detrás, la fuente universal, no debe tener un nombre que lo limite, sin pasiones ni otras connotaciones puramente humanas.

La fuente, el gran hacedor de los mundos, el arquitecto del universo, como queramos llamarle, es inefable, si, pero a la vez es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas, eterno, inmutable, inmaterial, único, omnipotente, soberanamente justo y bueno, etiquetarlo es creer que nuestro pensamiento esta por encima del pensamiento de otros, creándose las religiones y las facciones y no olvidemos: algunos creyentes tienden a enfadarse rápidamente cuando se cuestionan las etiquetas que le dan a “su” dios.

La fuente, es el principio generador de los mundos, pero no admite credos específicos, generó orden en el caos pero no podemos definirlo. Cada cual le de culto según su particular visión, entendiendo todas como validas y ninguna como definitiva.