jueves, 17 de octubre de 2013

El dios sol, la religión y la espiritualidad.


Definir el origen de la creencia religiosa es una tarea compleja dado que parece que la fe en un objeto, animal o ser sobrenatural es innata a la propia humanidad debido principalmente a nuestra incapacidad de comprender o estructurar los sucesos personales o generales que vivimos, en consecuencia, desde el albor de la vida inteligente tenemos un sentimiento de insuficiencia ante la explicación de la realidad y un  miedo a lo desconocido que provoca que coloquemos nuestras esperanzas en el temor a los dioses, buscando en esa imagen sobrenatural el orden cosmológico y para que este continúe con ese orden, satisfaciendo a esos dioses en base a una disciplina o sentido del bien y del mal.

Del mismo modo, desde el origen de la inteligencia humana siempre hemos sabido que el ser humano “contaba historias” de hechos y realidades no percibidas por la mayoría de las personas, los que contaban estas historias, los primeros seres de luz, se convirtieron en los primeros interpretes de la naturaleza.

Gracias a la arqueología, hoy sabemos que en el neolítico y en diversos puntos del globo terrestre estas esperanzas de orden en el caos estaban puestas en el sol como referencia sobrenatural, el culto al sol era el primero entre iguales entre los diversos dioses locales y el único común a todas las culturas, podemos hablar propiamente de una religiosidad henoteista. (Cultura religiosa donde hay varios dioses pero uno es el primero entre ellos)

Con posterioridad, esta primacía del sol sobre los demás dioses conceptuales dio paso al monoteísmo imperante en la actualidad sus primeras manifestaciones fueron Atón en Egipto, Helios en Grecia, Inti en el imperio inca,  etc. Sin seguir una línea temporal, el dios sol se abre paso de modo universal Bhrama, Mitra, Bel, Adonai (nota: el fenicio) ect.

En todas las culturas se dedicaban altares y templos a la esfera solar y estos templos provocaron que los antiguos chamanes se convirtieran en los nuevos sacerdotes y profetas dado que tenían más luz.

Era el sol el supremo cuerpo celeste y representación divina.

Sin embargo, conforme avanzaba la cultura y el conocimiento, la idea de un astro sol con “decisiones” inteligentes que cambiaban la vida en la tierra, dejaba de tener sentido, por lo que los sacerdotes tuvieron que complicar la sencilla teología del dios sol a complejas teologías modernas con ampliaciones y explicaciones hilvanadas y redundantes cuando no complicadamente contradictorias. En este momento de la historia se separa religión y espiritualidad.

Adaptación de la luz a la religión.

Jeshua-Ben-Josep ( A.J. Gomez),
con permiso del autor.
Si buscamos en la iconografía cristiana, encontraremos decenas de imágenes del hijo de dios con una apariencia de ojos claros, cabellos dorados y vestido de blanco inmaculado con rayos de luz que nacen de su cabeza, esta imagen propia de Apolo, Osiris, Orfeo, Mitra y Baco, se complementa con el cordero de dios en brazos como símbolo del equinoccio vernal, origen del año solar en las culturas mediterráneas antiguas.

Buscando en los relatos bíblicos, podemos encontrar el benedictus en evangelio de San Lucas, versículos del 68 al 79, la oración de Zacarías por el nacimiento de Juan Bautista que dice “tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados; gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente”, en esta oración se identifica directamente a Jesús de Nazaret como Dios-Sol

Aun hoy en día, celebramos en nuestra civilización occidental de un modo y otro el cumpleaños del sol y lo hacemos del mismo modo que fenicios, griegos, romanos y caldeos, con festejos, banquetes y reuniones generacionales: le llamamos navidad.

La religión al servicio del poderoso.

La influencia alcanzada por los primeros seres de Luz era tan importante, que los gobernantes cuyo objetivo era gobernar al pueblo, crearon “la religión de estado”, llegando a su máximo cenit con el  Cesaropapismo, inaugurado por la práctica política de Carlomagno, eliminando espiritualidad de la ecuación y cediendo al poder eclesiástico representado en un papa o líder religioso, un poder político sobre diferentes territorios y un poder espiritual en el imperio.

En la sociedad desaparece la espiritualidad y aparece la religión estructurada al servicio del poder que llega a ser de tal magnitud que la política se articula en base a los principios y normas de la religión. El dios se revela a través de los profetas, estos son interpretados por los clérigos que los adaptan y aplican a los tiempos y a las circunstancias concretas forzando a la autoridad civil a legislar en relación a las ideas de los chamanes del dios sol, revestidos de teología compleja. Y esa teología cada vez es mas profana y menos espiritual.

La religión, una vez aniquilada la espiritualidad, crea la moral y buenas costumbres, sean las leyes penales o sea el código de Hammurabi las leyes de Manu o el halajá, solo protegen al poderoso bajo la atenta mirada del clérigo, llámese Imán, Papa o Dalai lama que a cambio recibe poder, respeto y capacidad de retorcer la teología para seguir pervirtiendo el miedo a nuestra propia inseguridad humana.

La espiritualidad se esconde, pasa a ser de círculos privados.

Ante la presión religiosa y política, el librepensamiento espiritual es una herejía que no se puede consentir, vemos como a lo largo de la historia las corrientes espirituales han sido atacadas, ridiculizadas y martirizadas y estas cada vez mas, replegadas, discretas y en ocasiones secretas.

El esoterismo, entendido como la búsqueda de la verdad, ha sido tan minoritario que por reducido y discreto, ha sabido conservarse, pero ha perdido toda concepción de cómo transmitirse, y esta es la causa de la actual multiplicidad de opciones sin un claro liderazgo de ideas.

GFB es una de esas cadenas iniciáticas.