martes, 9 de abril de 2013

Mandar luz y energía


Una de las cosas que se pueden hacer cuando se recorre el camino esotérico, es aprender a desvincular del cuerpo físico parte de su energía vibracional y enviarla a cualquier otra persona, con los posibles objetivos de una sanación, un aporte de ánima vital o simplemente para ayudarla en un proceso doloroso.

La bioenergía sutil se compone de tres factores, amplitud, frecuencia y profundidad. Amplitud podemos entenderla como “fuerza” su potencia, su manifiesta energía, la frecuencia se puede expresar como la medida de su reiteractividad, su capacidad de interactuar con los cuerpos físicos, astral y mental, y la profundidad es más complejo de explicar, no me sale otra palabra que “raigambre” o “aleación” con el cuerpo físico, es la capacidad de la bioenergía de llegar a lo más profundo del ser humano.

Estas tres manifestaciones de la bioenergía son importantes de conocer y reconocer a fin de poder actuar con ella en un tercero sabiendo que necesita. Es más que evidente que la amplitud se relaciona con el cuerpo físico, el estado de fuerza natural del cuerpo humano, la vibración, la frecuencia depende del estado espiritual (que es donde más debemos actuar), y la profundidad depende de la permeabilidad subjetiva de la persona a la cual deseamos mandar esa energía.

En GFB solemos usar el baremo clásico cabalístico de -9000 a +9000 para referirnos al nivel de frecuencia y sin ser muy ortodoxo usamos una clasificación 0 a 100 para la fuerza. La profundidad es más compleja y además es bastante más subjetiva la interpretación.

No somos partidario que las personas de alto nivel estén haciendo ejercicios de envío de luz, fundamentalmente porque esto supone una merma en nuestra amplitud y nivel (insisto que en profundidad es más complejo pero también afecta). Muchos iniciados jóvenes –me refiero a iniciados con poca experiencia-, entienden que esto es un bien a los demás y basados en el amor incondicional, no miran dentro de sí y reparten esa energía con terceros demasiadas veces.

Sin embargo a veces hay que hacerlo y es un ejercicio que es sencillo en los planteamientos pero complejo en ejecución. Los iniciados natos –ahora el new age les llama azules, índigos o similares-, lo hacen de modo bastante espontáneo, pero a los iniciados “de codos”, les cuesta bastante más.

Lo importante es conocer que es posible ayudar a una tercera persona cediéndole parte de nuestra bioenergía vibracional.