martes, 26 de marzo de 2013

Los siete rayos.


En días pasados escuche hablar de un tema que hacía muchos años que no había oído hablar y que en según qué círculos es bastante popular: los siete rayos.

Los siete rayos serian según el saber más popular del esoterismo, el desglose de una energía cósmica, que, según fuentes diversas, provendría del sol, de un punto indeterminado del cosmos o incluso de la Osa Mayor o cualquier otra constelación, insisto la proveniencia de los siete rayos depende de la cultura donde se plantee la idea.

La visión de los siete rayos mas popularizada, es la de la teosofía clásica en su vertiente mas teísta, consistirían en siete niveles de vibración del mismo rayo cósmico que une al ser humano con la fuente energética del universo –llamémosla como la llamemos- y que a través de ellos se canalizan diversas energías que nos confieren diversas cualidades.

En esta clasificación, los siete rayos serian los siguientes:

  • Primer rayo, voluntad y poder
  • Segundo rayo, amor y sabiduría
  • Tercer rayo,  inteligencia
  • Cuarto rayo, armonía
  • Quinto rayo, concreción, ciencia
  • Sexto rayo, amor incondicional
  • Séptimo rayo, simbolismo, ritual y orden ceremonial


Dado que son siete, numero fundamental en el esoterismo, se genera un “tótum revolútum” y es bastante fácil encontrar estos rayos unidos a crackras, círculums, gemas, horóscopos, planetas o cualquier idea semejante. Estos sincretismos y mezclas han degenerado bastante la idea fundamental de la conciencia de los siete rayos.

Vamos a explicar un poco más técnicamente su origen, finalidad y fundamento.

Origen de la idea:

La idea surge en boca de un personaje inexistente, un lama tibetano llamado Djwhal Khul, creado en la mente de H.P. Blavatsky. El nombre de Djwhal Khul, podría traducirse literalmente como “pequeña llama”. Blavatsky uso este personaje como fuente ancestral para otorgarle a su teosofía la Tradición regular que toda orden esotérica debe tener, pero lo cierto es que los siete rayos, así como gran parte de la teosofía deísta, surge de la mente de esta autora.

Cuando Alice Bailey, ante las actitudes despóticas de los seguidores de Blavatsky, rompe con la sociedad teosófica, alega recibir telepáticamente instrucciones de un lama tibetano al que denomina D.K.  y estas instrucciones forman parte de unos textos que con el tiempo se plasmaron en un libro de culto llamado “iniciación humana y solar”

Soy un discípulo de cierto grado, lo que puede significar muy poco porque todos somos discípulos: desde el aspirante más humilde hasta más allá del Cristo mismo. Vivo en un cuerpo físico como otros hombres en los confines del Tíbet y a veces —desde un punto de vista exotérico— presido un grupo numeroso de lamas tibetanos, cuando mis otros deberes lo permiten. 

Alice Bailey: Tratado sobre los siete rayos (agosto de 1934)

Utilidad:

Los siete rayos, permiten, si se valora convenientemente el concepto, permitir la fluidez de cada uno de los valores que transmiten en nuestro cuerpo astral, mental y físico. Es el equivalente occidental a la meditación oriental, por lo tanto, queda bien entendido que los siete rayos NO son una fuerza cósmica divina que nos influye sino manifestaciones de la propia fuerza energética manifestada en comunión con la fuente.

Fundamento:

Nuestro cuerpo astral vibra, y vibra según nos encontremos espiritual, física y mentalmente, en cada nivel de vibración que nos manifiesta entre el Ser superior y el Ser inferior son, ni más ni menos, que siete grandes grupos distintos estados de consciencia del Ser humano y estos grupos de vibración, son el fundamento real de los siete rayos.